lunes, 26 de diciembre de 2011

Tres claves para mantener vivo el deseo sexual en la pareja

Fuente: www.barahonero.com



Como escapar de la triste ecuación: mujeres y hombres pendientes del trabajo + cero innovación = fin de la intimidad.

¿Quién no recuerda, con cierto grado de nostalgia, la vida sexual que mantenía en los comienzos de su relación de pareja? Seguro no había tantas restricciones como hoy, cualquier lugar despertaba la líbido…

El sexólogo Ezequiel López Peralta asegura que “las investigaciones recientes arrojan que en los primeros tiempos de la relación de pareja generalmente la pasión es uno de los ejes centrales, mientras que con los meses y años el cariño sigue una curva ascendente y la sensualidad una curva inversa. El compañerismo y el afecto (a veces fraternal) ganan lugar sobre el deseo sexual, que si no se trabaja y estimula puede apagarse produciendo un estado de verdadero desinterés mutuo.

El experto explica que “el predominio de determinados objetivos y proyectos al consolidarse el vínculo lleva a restar la energía que le dedicamos al erotismo. Los espacios íntimos se reducen (a veces a cero) con el advenimiento de los hijos, las obligaciones y las preocupaciones. El acostumbramiento al cuerpo del otro, el descuido de las conductas sensuales en la pareja, la monotonía y la mecanización de las relaciones sexuales (que pueden llegar a ser totalmente predecibles) dan lugar a un panorama deserotizante”.

La psicóloga Esther Morales, de la Universidad Católica de Chile, entregó detalles de cuáles son los aspectos previos a la anunciada muerte de la vida sexual. Una vez identificados, podemos trabajarlos:

1-. El hombre otorga un valor “endiosante” a su trabajo y le dedica muchas horas, como una forma de adquirir estatus o mejorar su nivel económico. La mujer se ve enfrentada a la exigencia de desempeñar bien una multiplicidad de roles y deja de preocuparse de estar bonita y deseable para su pareja.

2 -. Existe la (mala) costumbre de hacer dormir a lo hijos pequeños en la cama conyugal, impidiendo así la posibilidad de tener intimidad sexual con la pareja por temor a que el niño se despierte. Con estas actitudes, lo único que se consigue es debilitar el lazo de pareja, poniendo en riesgo a la familia entera (cuya base es la pareja), a través de una infidelidad o una separación.

3-. En el caso del hombre, cuando vive una infidelidad, la motivación es pasar más tiempo con mujeres atractivas en su oficina, su deseo de conquistar, obtener placer y la mala calidad o falta de vida sexual, que tiene con su esposa. La mujer que se decide a vivir una infidelidad, es porque lleva un largo deterioro de su relación de pareja estable y encuentra en una nueva persona un estímulo a su atractivo, autovaloración e ilusión.

¿Cómo reconstruir lo que se ha destruido? El experto López Peralta parte de la base de que lo fundamental es pensar que el deseo y la pasión necesitan del alimento de la creatividad, la innovación, el cuidado del otro, las fantasías, el afecto, el equilibrio entre los espacios individuales y los compartidos en pareja, la comunicación eficaz. “En definitiva, la pasión y el deseo no se sostienen por mecanismos automáticos, sino que deben ser cuidados y trabajados artesanalmente por nosotros, siempre y cuando estemos (en colaboración con la pareja) interesados en ese aspecto”.

Una de sus recomendaciones es aprovechar el poder de las fantasías sexuales. “Resultan fundamentales en este proceso de ‘reedición’ del erotismo. Las fantasías están para orientar nuestras acciones, pero eso sí: debemos preocuparnos por dejar siempre alguna por practicar, con el fin de tener en todo momento nuevos incentivos para desarrollar la sexualidad. Por suerte, la capacidad humana de crear es infinita, y esto podemos aplicarlo al sexo”.

Otra cuestión importante: hombres y mujeres podemos tener fantasías diferentes y, para aprovechar al máximo el potencial erótico que hay en cada una de ellas, es necesario que nos comuniquemos de manera explícita al respecto.

Una mujer, por lo general, fantasea con un amante sensible, tierno y apasionado, que la hace sentir única, especial y sensual. Las caricias en la piel (en todo el cuerpo, no solamente en los genitales) y tener en cuenta los cinco sentidos (tacto, olfato, vista, gusto y oído) son quizás los afrodisíacos más poderosos para ella. Los hombres, en cambio, “nos encontramos con fantasías mucho más genitales. Se parecen bastante a una película pornográfica: mucho sexo oral, una mujer activa y ‘caliente’, observación de partes del cuerpo tales como la cola, los pechos y las caderas, y tener sexo con dos mujeres simultáneamente. Además, en la fantasía del varón predomina el goce de la mujer, es decir, ver cómo ella goza durante el acto sexual (tomando generalmente como medida del goce la cantidad y calidad de los orgasmos). Eso resulta altamente excitante”, detalla López Peralta.

Si nos comunicamos de manera clara sobre lo que nos atrae sexualmente, lo que deseamos, lo que nos enciende el “piloto sexual” y también lo que nos puede bloquear, se abre un panorama interesante por delante. Llevar estas ideas a la acción en el momento oportuno y buscar el complemento para que ninguno sienta que se dejan sus deseos de lado es el paso siguiente. Si sigue estas indicaciones, la batalla contra la rutina está ganada.

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