Fuente: www.revistagobierno.com
En el país europeo, la profesión
de asistente sexual es legal y cumple un papel fundamental social en las
personas con discapacidades. En la sociedad aún provocan indignación e
incomprensión.
Las personas que ejercen la
profesión de asistentes sexuales trabajan en salones de masajes. Algunas
aseguran que sus clientes frecuentes son aquellos que tienen problemas de
discapacidad física o mental. Michelle Gut, suiza, trabaja en el Salón de
Masajes Andana. "Para un minusválido no es fácil tener una vida de pareja
normal", asegura Michelle,
masajista desde los años 90 y que cuenta con un diploma de asistente sexual.
Desde el 2003, los asistentes
sexuales reciben una preparación de asociaciones especializadas y con sometidos
a una rigurosa selección. Países como Holanda, Alemania y Dinamarca impusieron
el modelo.
La lógica de trabajo responde a
una similar a las de las prostitutas. Los servicios son pagados. Michelle, por
ejemplo, pide 160 euros por una hora con una persona inválida. Para una persona
sin discapacidad, 240 euros.
Los servicios que ofrecen los
asistentes sexuales, ya sean hombres o mujeres, van de un masaje clásico, las
caricias, un masaje en las zonas erógenas e incluso la masturbación. La
penetración está prohibida.
Catherine Aghte Diserens,
sexo-pedagoga especializada y docente para adultos asegura que los orígenes de
los asistentes sexuales son tan variados como sus prácticas, pero no debe ser
una actividad a tiempo completo "No es una profesión, es necesario probar
otra profesión que permita ganarse la vida", insiste.
Según la presidenta de la
Asociación Suiza Sexualidad e Invalidez, los asistentes sexuales son
"mejor aceptados por los padres y los responsables de las
instituciones" que las prostitutas.
Ante las críticas, los asistentes
sexuales legales en Suiza afirman que las personas con incapacidad encuentran
en ellos la ternura y la sexualidad que pocas veces encuentran en la sociedad.

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